Las distintas formas del relieve terrestre son el resultado de un equilibrio entre la acción de las fuerzas internas (tectonismo y vulcanismo) y las fuerzas externas que la modelan (viento, lluvias, etc.).
Las erupciones volcánicas o los sismos de origen tectonico pueden producir el levantamiento o hundimiento de una parte de la superficie terrestre, mientras que el viento o las lluvias, por ejemplo, originan la erosión.
Las erupciones volcánicas o los sismos de origen tectonico pueden producir el levantamiento o hundimiento de una parte de la superficie terrestre, mientras que el viento o las lluvias, por ejemplo, originan la erosión.
Estos procesos han dado lugar a cuatro formas principales del relieve en la corteza terrestre:
1) Montañas. Son elevaciones de la corteza que superan los 500 m de altura. También se le conoce como monte.
Las montañas en su mayor parte tienen un origen tectónico (plegamiento); sin embargo, también pueden ser de origen volcánico.
Este tipo de territorio se caracteriza por la variedad de ambientes de acuerdo con sus franjas altitudinales.
Cuando las montañas aparecen alineadas constituyen sierras o cordilleras.
Otras formas del relieve lo conforman las llanuras, las mesetas y las depresiones.
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